
Gibson obtuvo la licenciatura en Literatura Española y Francesa en el Trinity College de Dublín en 1960. Comenzó su carrera profesional en la Universidad, como profesor de Español en la Universidad Queen's de Belfast, en Irlanda del Norte. En 1968 pasó a la Universidad de Londres, en donde permaneció hasta 1975, año en el que decidió abandonar la vida académica y dedicarse a tiempo completo a la escritura, yéndose a vivir al sur de Francia. Desde 1972 era reader (el grado inmediatamente inferior a catedrático) de Literatura Española Moderna. Tras tres años en suelo francés, se fue a vivir a Madrid, donde comenzó a escribir la biografía de Federico García Lorca. En 1991 se instaló en El Valle, un pequeño pueblo situado entre Granada y el Mediterráneo. Allí permanecería trece años hasta que en 2004 volvió a Madrid para trabajar en su biografía de Antonio Machado.
Durante su estancia en la Universidad de Londres escribió su primer libro, La represión nacionalista de Granada en 1936 y la muerte de Federico García Lorca, publicado en español en Francia en 1971 por Ruedo Ibérico. El libro fue prohibido inmediatamente en España (en 1996 este libro fue adaptado al cine con el título Muerte en Granada). Posteriormente abordaría relacionados con la Guerra Civil como el asesinato de José Calvo Sotelo o las matanzas de Paracuellos. En el género biográfico, también ha abordado las figuras de Rubén Darío o Camilo José Cela.
Forma parte, junto a Hugh Thomas y Paul Preston, del grupo de hispanistas de las Islas Británicas que se ha dedicado al estudio de la historia reciente de España, especialmente a la de la Segunda República y la Guerra civil. Aparte de su obra literaria, ha llevado a cabo una intensa actividad periodística, televisiva y radiofónica. Tras la publicación de su biografía de Rubén Darío fue elegido miembro correspondiente de la Academia Nicaragüense de la Lengua Española.
Respuesta. Cuando voy allí ya no conozco a nadie. La gente me pregunta si echo de menos Dublín, y no, porque lo tengo dentro. Releo constantemente a Joyce y tengo su Dublín muy metido en la cabeza y en los sentimientos. Pero allí me siento perdido; cuando voy sufro.
P. Antes vivió en un pueblecito granadino. ¿Qué le trajo aquí?
R. La Biblioteca Nacional, que es casi donde vivo, me quedaba muy lejos. Yo realmente soy madrileño y tengo que estar aquí; necesito a Madrid.
P. Las fiestas de Lavapiés le habrán aliviado el agosto.
R. No he salido mucho. No me gusta la muchedumbre, el ruido. No soy hombre de masas, pero no por esnobismo, sino porque me asusta un poco. Además, estoy obsesionado con lo que estoy haciendo. Pero sí que salgo a veces y tomo una copa o voy a restaurantes con mi mujer.
P. ¿Y las otras noches?
R. Voy al cine o veo películas en casa, porque estoy trabajando en una biografía de Luis Buñuel. No sólo sus 32 filmes, sino todo el mundo cinematográfico que le rodeó: Fritz Lang, Lubitsch, cómicos como Buster Keaton, Chaplin, Harold Lloyd... Es algo nuevo, porque yo he sido sobre todo de lecturas. Es un poco vergonzoso, pero hay muchas películas que no vi en su tiempo. No vi El último tango, que es de mi época. ¡Quién no la ha visto!
P. ¿Qué tiene Lavapiés?
R. Vine porque quería estar al lado del Reina Sofía, poder ir a pie. De vez en cuando le pregunto en broma a mi mujer si vamos a Madrid. Lo grande de Lavapiés es que es un pueblo, el pueblo que más me gusta de España, porque está en Madrid. Y subir por estas pendientes fabulosas. Es como el Montmartre español.
P. Recomiende un sitio que nadie debería perderse.
R. El cementerio civil, que no conoce nadie. Es un sitio pequeño, recoleto, con sombra. Hay que ver la tumba de Salmerón, con su inscripción: “Dejó la presidencia por no firmar una sentencia de muerte”. Ahí está toda la gente de la Primera República, de la Institución Libre de Enseñanza, los judíos, los rojos y los masones. Es el libro de historia más fabuloso para leer en agosto.
P. Deme alguna pista sobre ese libro sobre el que le dije que no le preguntaría.
R. Ah, no, no puedo. Sólo que es un ensayo.
P. Lo simultanea con la biografía de Buñuel.
R. Siempre trabajo en dos o tres proyectos a la vez. Con Buñuel llevo un año y me va a ocupar otros dos.
P. En 15 días entrega el ensayo. Y luego, ¿vacaciones?
R. Voy 10 días a Huelva. Mis vacaciones suelen estar relacionadas con el trabajo. Tendrías que hablar con mi mujer. Está hasta aquí de estar casada con un biógrafo. Voy a ver la casa de Juan Ramón Jiménez en Moguer porque quiero ver un papel allí.
P. No es usted de playa.
R. Odio las playas. No me gusta enseñar los michelines que he acumulado delante del ordenador. Siempre digo que en septiembre empiezo el gimnasio, pero no lo hago. Tengo que hacer algo. Si estoy casi medio muerto. Tengo casi 70 años. Yo creía que no me pasaría nunca a mí. A los demás sí, pero a mí no. Es un asco; es horroroso.
Se ríe a carcajadas y dirige la vista a la barra. “Bueno, vamos a comer estos molletes”.





















